MAESTRO SINÓNIMO DE CALIDAD

25.02.2011 00:59

Conferencia pronunciada por Don Tomás Alvira. 

En primer lugar creo conveniente puntualizar acerca de lo que entendemos por calidad. Se ha dicho que la calidad viene expresada por el conjunto de cualidades que constituyen la manera de ser de una persona o cosa. También podemos considerarla como una cualidad sobresaliente. Más yo creo que la calidad está íntimamente relacionada con la forma.

Hay un aspecto fundamental de la realidad que es la formalidad. Toda realidad es formal. Sin forma no hay nada. Pero la forma ha de ser adecuada al fin. Ante estas consideraciones podemos afirmar que tener calidad no es ser una persona poderosa o brillante, o poseer un conjunto de cualidades generales que consiguen una buena aceptación de esa persona. Tener calidad un profesor supone tener concretamente una serie de cualidades ordenadas al fin propio de la educación. Por tanto el profesor que desee tener calidad, que valore con profundidad lo que esto supone para la consecución de una educación de calidad, deberá tener muy claro el fin que persigue y habrá de gustarle perseguir ese fin. Por esto he repetido muchas veces que para mí una de las condiciones necesarias para que un profesor tenga calidad es que tenga vocación y, sin embargo, he buscado esta palabra en multitud de escritos sobre calidad de la educación y no la he encontrado.

 La vocación lleva consigo una inclinación para perseguir un fin, en este caso para perseguir, con ahínco, la educación de cada uno de los alumnos que como profesor tiene encomendados. La vocación está basada en la libertad y en el amor. La vocación profesional exige libertad de elección. Generalmente esto es lo que se entiende por libertad, tener facultad de elegir, de decidir. Pero esa facultad de elección o de decisión ha de ir acompañada de una apertura, de una amplitud de miras, porque el egoísta se encierra en si mismo y por tanto deja de ser libre. Quien está encerrado de un modo u otro, está falto de libertad. Su egoísmo, su cerrazón le han quitado la libertad. Por otra parte la libertad precisa actividad. El perezoso no es libre y puede no seguir su vocación por comodidad, por buscar sólo el menor esfuerzo. Finalmente la libertad exige posesión, es decir, señorío de sí mismo, porque quien no es capaz de dominarse a sí mismo no es tampoco libre. Pero, sobre todo, la vocación tiene su asiento en el amor. Amor a la tarea que se realiza, amor jugoso, pleno de ilusiones, capaz de enfrentarse a las dificultades; amor que a pesar de todas las dificultades, produce alegría.

 Yo me atrevo a decir que la alegría en el desempeño de la profesión es el termómetro de la vocación. Quien trabaja sin amor trabaja sin vocación y no es feliz, realiza una tarea en la que no encuentra satisfacción. Tal vez lo hace exclusivamente como un medio de subsistir. Toda profesión puede ser objeto de nuestras ilusiones, de nuestro amor y desde aquel momento adquiere un relieve extraordinario que engrandece nuestro trabajo y nos empuja a realizarlo con alegría.